Durante todo un año, las personas que participaron en el Camino de Santiago Portugués de 2025 tuvieron una idea en la cabeza: volver a vivir una experiencia similar. Querían descubrir una nueva ruta, conocer a más personas y seguir demostrando que la inclusión se construye caminando juntos.
Del 4 al 10 de septiembre recorrimos el Camino de Santiago Francés. Salimos desde Salamanca con destino a Sarria llenos de ilusión, nervios y ganas de reencontrarnos con ese espíritu tan especial que solo se vive en el Camino.
El primer día estuvo dedicado a recordar todo lo que vivimos en nuestra experiencia anterior y a compartir las expectativas que teníamos para esta nueva peregrinación. Los participantes tomaron una decisión muy especial: volver a grabarse cada día para mostrar cómo se sentían durante el recorrido. Querían compartir con todo el mundo las risas, el cansancio, los momentos difíciles, las conversaciones con personas desconocidas y el apoyo recibido en cada etapa.
Cada jornada comenzaba muy temprano. A las 5:30 de la mañana sonaba el despertador. Después de preparar las mochilas y recoger las maletas, que siempre dejábamos listas la noche anterior, desayunábamos rápidamente y empezábamos a caminar cuando todavía era de noche.
Cada etapa nos regaló momentos únicos. Conocimos a personas de diferentes lugares del mundo, escuchamos idiomas que muchas veces no entendíamos y compartimos sonrisas que no necesitaban traducción. Aunque el cansancio aparecía con el paso de los kilómetros, siempre encontrábamos fuerzas para seguir avanzando. También nos motivaba pensar en ese gran desayuno que nos esperaba alrededor del kilómetro 12 y que disfrutábamos como una auténtica recompensa.
Nuestro grupo, formado por nueve aventureros, recorrió una media de 25 kilómetros diarios. En total fueron 125 kilómetros de esfuerzo, compañerismo y superación. Kilómetros en los que nos apoyamos mutuamente, compartimos experiencias inolvidables y demostramos que la inclusión es una realidad cuando las personas tienen la oportunidad de convivir, participar y crecer juntas.
Como ocurre en toda peregrinación, hubo momentos de esfuerzo, alguna lágrima, dolor en los pies y mucho cansancio. Pero también hubo abrazos, risas interminables y encuentros inesperados con personas que llegaron como desconocidas y se marcharon convertidas en amigas.
Nunca olvidaremos a todas las personas que se cruzaron en nuestro camino. A quienes, al ver nuestra furgoneta, nos saludaban con entusiasmo gritando: «¡Ahí van los de AVIVA!». Tampoco olvidaremos cada uno de los lugares en los que dejamos una pulsera de los 1000 Pasos, una pequeña huella que simboliza nuestro compromiso con la inclusión y nuestro deseo de construir una sociedad en la que todas las personas tengan un lugar.
Este grupo de caminantes demostró que la inclusión surge de forma natural cuando compartimos experiencias, aprendemos unos de otros y abrimos la puerta a nuevas relaciones. En tan solo unos días convivimos con personas muy diferentes, pero descubrimos que nos unían muchas más cosas de las que nos separaban.
Queremos agradecer especialmente a todas las personas que formaron parte de esta aventura: Fran, Miguel, Jhenifer, Jessica, Santi, Sofía, Asun, Eugenio, Dani, el grupo de peregrinos coreanos y tantas otras personas que caminaron a nuestro lado. Gracias por cada conversación, cada gesto de ayuda, cada palabra de ánimo y cada sonrisa compartida. Vosotros hicisteis que esta experiencia fuera todavía más especial y, desde ahora, siempre formaréis parte de la familia AVIVA.
Al llegar a Santiago sentimos la satisfacción de haber alcanzado la meta, pero también la certeza de que el verdadero regalo había sido el camino compartido. Nos llevamos historias, aprendizajes, amistades y recuerdos que permanecerán con nosotros para siempre. Y si algo tenemos claro después de esta experiencia es que esto no termina aquí. Volvemos a casa con la mochila llena de emociones y con un nuevo reto en la cabeza, porque cuando se vive algo tan especial, solo queda una opción: seguir caminando. Por eso, estamos seguros de que repetiremos la experiencia y volveremos a ponernos en marcha para seguir construyendo, paso a paso, un camino hacia la inclusión.




Las personas con discapacidad tienen los mismos derechos a disfrutar del turismo y del ocio en época de vacaciones. Además, han de ser ellos mismos lo que elijan dónde, cuándo y con quién quieren hacerlo.


















